

agujeró de cueva
rayos silenciosos
¡Eternanamente! ¡Eternamente!
que me den la vida
qué la vida está hecha de ellos
infinitos diversos
que ninguno es igual y
todos son los mismos
en cada momento en
cada instante se fraguan dentro
bóvedas sumergidos
sembrando añoranzas
senderos de júbilo
zapatos de hombre con efecto de eco
en cada respiración
en el aire se quedan suspendidos
son esos que no se olvidan
son solo la sombra de su pasado
recuerdo partido por el viento
solo queda silencio
disfrazado de ruido
Sentimientos soplos de vida
una verdad de un amigo
una mirada
un segundo en tu sueño
calles rezumando
entre zanjas abiertas
donde escapan donde salen
ventiscas de sentimientos
queriendo agarrar las almas mundanas
se ahoga el arte enloquecida competencia
en el fluir del tiempo
un contratiempo
momentos de ternura agua para mi
avanzar a tientas para ver
la tenue línea de una luz.
Que me den la vida
qué quiero sentir aunque sea hielo
Robare tu piel para entrar en ella.
Confianza y serenidad
amor espíritu elegiaco.
Hebra de hilo de tiempo
hilandera bienvenida
todo ello en la vida
en tu vida desde un mar lejano
ninfas y lanzas, escudos tallados
desde el sol a la noche, aromas eternos
velos de manos que tañen el Sitar más humilde
Que me den la vida que quiero sentirla.
¡Eternamente! ¡Eternamente!